Vía Pública

 

 

 

NOTICIAS. Muchos periódicos de México –los de la capital y ciudades del país– despliegan en sus planas noticias que son leídas desde cualquier ángulo, antinoticias.

DESEOS. Es decir, no son noticias, sino sólo el registro de buenos deseos de personajes del poder político y económico, así como de académicos, expertos, etcétera.

DECLARACION. Así, los periódicos mexicanos parecen más expresiones de buenos deseos que el registro de hechos y sucedidos. Se consigna, privilegiadamente, la declaración.

ISMO. Ese es un “ismo” viciado. El declaracionismo. Lo que diga Fulano. O Zutana. O Perengano tiene más valor que los hechos o los sucedidos o las ocurrencias sociales.

CONTEXTO. El vicio del declaracionismo conlleva otro vicio, el de la descontextualización. Son declaraciones que el leyente registra como salidas de la nada. Súbitamente.

TRANSCRIPCION. Y es que por lo general las palabras del declarador –o declarante–, ya transcritas y, desde luego, publicadas, no identifican un contexto dado.

VICIO. ¿Vicio del periodismo mexicano? ¿Defecto en la formación de nuestros periodistas? Esa característica nos distingue en un oficio tan central para asir la realidad.

PAIS. Para comprender a este país. Y al mexicano en lo individual. A la sociedad. A sus dinámicas internas y externas. Y a su momento histórico.

ENTORNOS. Este oficio es vital para la comprensión de los entornos económicos, políticos, sociales y culturales de México, su pretérito y su presente.

AZAR. Tomemos, al azar, una noticia de primera plana de varios periódicos, publicadas en diversas variantes en ediciones de apenas ayer: “Crecerá México en el 2004: Soyo”.

FOX. U otra: “Creceremos, Dice Fox”. Y una más: “Reformaremos el Poder Judicial en este Año. Fox”. Y otra “Habrá Menor Inflación en 2004: Fox”.

OPTIMISMO. Las noticias optimistas dominan, desde luego, las primeras planas: “México será la Octava Economía Mundial, afirma Fox”. Plus: “Más Seguridad Social en 2004: Fox”.

FUTURO. Nótese, caro leyente, que estos titulares nos hablan del futuro, particularmente el inmediato. Son vaticinios de nuestros prohombres. En tiempo futuro.

GERUNDIO. Los citados prohombres no hablan ni siquiera en gerundio. Como por ejemplo, “estamos creciendo: Sojo”, pues sus palabras recogen un anhelo, no una realidad fáctica.

OIR. Y esos prohombres nos dicen lo que suponen –erróneamente– que los mexicanos queremos oír y escuchar. No. Lo que queremos es otra cosa.

ATOLLADERO. Y lo que queremos saber, desesperadamente, es cómo –como le van a hacer para sacarnos del atolladero–.

RESULTADOS. Queremos ver resultados, no vaticinios. Tampoco queremos escuchar promesas. Ya hemos sido engañados en demasía por Fox y, antes, por Zedillo y Salinas.

ESPEJOS. Y De la Madrid y los que le antecedieron –López Portillo, Echeverría y Díaz Ordaz– en ese juego perverso de espejos distorsionadores y cortinas de humo.

DEMAGOGIA. De demagogia. Y engaño. De un falso patriotismo. Siempre hablaban en futuro. Nunca en presente ni en pretérito. Hasta los informes presidenciales eran humo.

VICIO. Como secuela, la realidad del país se registraba mediante prismas de distorsión. Los debates eran, como son hoy, acerca de minucias. Debatían las formas. No el fondo.

DIFUSION. Seamos críticos de nosotros mismos. Los medios de difusión –radio, televisión, periódicos– recogen todavía ese vicio. El periodismo vive en el futuro, no el presente.

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