Vía Pública

 

 

IMAGEN. El Presidente Vicente Fox parece empeñado en continuar desestimando la sustancia y privilegiando lo insustancial. El relumbrón. La imagen. Tramoyas.

HOLOGRAMA. Las designaciones de nuevos personeros en el área de la comunicación social de la Presidencia de la República así lo indica. Hologramas, en vez de cuerpo.

SIMULACION. La imagen para Fox –como lo fue para Carlos Salinas– es esencial para su investidura. Se trata de simular que se hacen cosas. Simular que se gobierna.

DECADAS. La inmensa mayoría del total de mexicanos no había nacido cuando mandatarios de hace varias décadas gobernaban sin las obsesiones por “cuidar la imagen”.

CARDENAS. Tráese a un primer plano de la memoria a Lázaro Cárdenas, quien gobernó de 1934 a 1940. Don Lázaro no perdía tiempo en pensar cómo simular que trabajaba. Sólo trabajaba.

CIUDADANIA. Y la ciudadanía sabía que Cárdenas trabajaba. Esa era su imagen pública. Nada de frivolidades. Nada de comentarios viscerales. Nada de impropiedades.

RUIZ CORTINES. Otro mandatario que jamás tuvo obsesión por simular que trabajaba mediante el cultivo artificioso, engaña-tontos, de imagen, fue Adolfo Ruiz Cortines (1952-58).

DIGNIDAD. Ruiz Cortines lisa y llanamente laboraba. Emblematizó la  sobriedad en cuanto a conducta presidencial. La austeridad. Acentuó la dignidad de la investidura.

REIR. Don Adolfo de hecho, reía con los chistes a su costa. Le preguntaba a sus amigos las expresiones del ingenio popular. Qué se decía de él en los mentideros de la política.

PRIVADA. La vida privada de Ruiz Cortines fue motivo de chistes. También lo fue su edad avanzada. Pero no fue un hombre de frivolidades. Pese a ello, era de buen humor.

LOPEZ MATEOS. Y no se diga Adolfo López Mateos, sucesor de don Adolfo, quien no obstante ser dado a los chascarrillos no incurrió en puerilidades ni denigró la investidura.

POPULAR. López Mateos, pese a no tener un hacedor de su imagen -como Fox-, fue un gobernante inmensamente popular. Quizá el más popular de los mandatarios mexicanos.

FOX. Más popular, inclusive, que Fox. Y no tenía a su disposición el aparato mediático –presupuesto, recursos humanos, aunque sin dirección– que tiene don Vicente.

CLAVE. ¿Cuál era la clave de esa augusta dignidad de la investidura presidencial que Fox no sólo no ha podido restaurar, sino que inclusive ha deteriorado aún más?

SALINAS. Esto nos lleva a José López Portillo. Y a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo. Y desde luego, a Fox. Obsesionados por la imagen. Por la simulación. La búsqueda de aprobación .

ENFERMEDAD. Esa búsqueda es patológica. En el caso de Fox alcanza extremos de enfermedad terminal. Es un cáncer. En pos de la aceptación constante de los conciudadanos. Del pláceme.

INSEGURO. Ello nos exhibe a Fox como un hombre muy inseguro de sí mismo, acuciado por enormes complejos. En pos del aplauso constante. De la loa. Curándose del rechazo.

ENTORNO. Por supuesto, no sabríamos qué habrían hecho Cárdenas o Ruiz Cortines o López Mateos en un entorno económico, político, social y cultural como el actual.

COMPLEJOS. Este entorno es asaz complejo. El mosaico demográfico es más denso. Los problemas sociales son mayores. La vida política muy degradada. La esperanza social menguada.

FRIVOLIDAD. Pero lo que sí sabemos es que, como no eran hombres frívolos, habrían enfrentado las actuaciones de modo muy distinto a como las evade Fox. Con dignidad. Y aptitud.

NACIONALISMO. Y, sobre todo, con un acendrado nacionalismo y sentido de la historia. Sin sometimientos humillantes e ignominiosos a Estados Unidos, como ocurre hoy con Fox.

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