Coherencia y Coordinación, el Reto Para el País

 

Por AGUSTIN GUTIERREZ CANET

 

En las relaciones bilaterales y en los foros multilaterales se discuten y negocian variedad de temas que afectan a todos los países y cuya solución requiere la cooperación internacional. El reto para México es lograr la coherencia y la coordinación de posiciones en foros en los que la política exterior se ejecuta y saber elegir los foros adecuados, según el caso.

1. Paz y seguridad internacionales.

En las últimas dos décadas se ha ampliado y profundizado la noción de seguridad en la teoría y la práctica de las relaciones internacionales. La tendencia ampliacionista en la definición de seguridad se refleja en tres aspectos: el primero, la inclusión de nuevas problemáticas en el área de seguridad, como son las cuestiones económicas, sociales y medioambientales. El segundo, la incorporación de nuevas dimensiones o actores en la problemática de seguridad, más allá del nivel estatal, como el individuo y las sociedades. El tercero es la creciente interpenetración de la seguridad exterior y la seguridad interior, en particular la seguridad pública. Ello ha llevado también a la identificación de nuevas amenazas como el crimen organizado y el narcotráfico.

Este debate no ha sido concluyente y en él se enmarcan las discusiones sobre la legitimidad del uso de la fuerza, la relación entre la protección de los derechos humanos y el llamado "derecho de injerencia con fines humanitarios".

El sistema de seguridad colectiva previsto en la Carta de las Naciones Unidas es ahora inoperante. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) existe <sn3>de jure, <sn0>pero no de facto. En este contexto, la reactualización de los conceptos y mecanismos de seguridad colectiva tanto a nivel universal como en el continente americano es hoy en día una tarea prioritaria. México debe participar de manera destacada en este debate y en el establecimiento de un nuevo régimen de seguridad internacional. Sin embargo, para ello se requerirá que de manera paralela se legisle en materia de seguridad nacional, área en la que existen grandes vacíos, se establezca un verdadero Consejo de Seguridad Nacional y se redefinan las funciones de las Fuerzas Armadas mexicanas en el siglo XXI.

México debe asumir nuevas responsabilidades en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, entre ellas la participación en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y considerar la conveniencia de participar en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, bajo criterios claros y precisos.

En el caso de Irak, México debe votar a la luz de los resultados de UNMOVIC y no como resultado de las presiones de Estados Unidos: si Irak posee armas, que las destruya en un plazo perentorio y si no obedece, nuestro país debe apoyar el uso de la fuerza. Pero si Irak no está armado, entonces México debe votar en contra de la guerra y que Bush cargue solo con el estigma de la sangre de miles inocentes y millones de refugiados iraquíes.

La redefinición de un nuevo régimen de seguridad internacional, en el marco de la reforma de la ONU y de los debates sobre seguridad hemisférica en la Organización de Estados Americanos, debe ser prioridad de la política exterior mexicana.

2. Pobreza, Desarrollo y Justicia Social

En los últimos años, los países y los organismos internacionales han identificado el combate a la pobreza extrema como una de sus prioridades. Este nuevo consenso debe reflejarse de manera contundente en las acciones de esos organismos. El combate a la pobreza extrema está íntimamente vinculado con la educación, con el impulso al desarrollo local y la autogestión, con el acceso a niveles mínimos de salud y de infraestructura.

Las preocupaciones en torno de la seguridad, al libre comercio, no pueden hacernos olvidar el aspecto fundamental de la agenda de desarrollo. No hay seguridad sin desarrollo y no puede haber libre comercio sin justicia.

Es por ello indispensable que una nueva arquitectura financiera mundial, que implica la modificación del <sn3>modus operandi <sn0>de las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial, FMI y OMC) y del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, tenga como valores fundamentales el combate a la pobreza y la desigualdad, así como dar prioridad a proyectos de educación y desarrollo social.

El lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones en el marco de la Organización Mundial de Comercio debe ser impulsado, incluyendo las preocupaciones laborales y de medio ambiente, así como de justicia social y combate a la pobreza. México debe encabezar este esfuerzo en la reunión ministerial que se llevará a cabo en Cancún en septiembre próximo.

3. La promoción y protección de los derechos humanos

En los últimos años el gobierno mexicano ha mantenido una postura errática en materia de derechos humanos, al aplicarla prácticamente a un solo país, Cuba, por veleidosa influencia del ex canciller Jorge Castañeda Gutman.

Para que una política protectora de los derechos humanosleea coherente debe ejecutarse de manera universal y no prestarse como chantaje de grandes potencias para justificar sus acciones intervencionistas. Tampoco México tendrá autoridad moral mientras en el interior del país continúen prácticas violatorias de los derechos humanos con la aparente indiferencia o incompetencia del gobierno actual, como es el caso de Digna Ochoa y los continuos abusos de miembros del Ejército y de la Procuraduría General de la República.

La historia de México desde el virreinato hasta nuestros días tiene entre sus componentes esenciales la lucha por los derechos humanos. Desde fray Bartolomé de las Casas hasta la cruzada de Francisco I. Madero por la democracia, desde las reivindicaciones de los derechos comunitarios por parte de Emiliano Zapata, la Constitución de 1917 y las propuestas de México por incluir en la Carta de las Naciones Unidas referencias claras y específicas sobre el respeto a los derechos humanos, hasta el trabajo de las organizaciones no gubernamentales nacionales en la actualidad, el tema de la defensa de los derechos humanos ha sido fundamental para los mexicanos. No podemos ni debemos traicionar este legado con meros efectos de propaganda. Por ello, uno de los hilos conductores de la política exterior de México en el siglo XXI debe ser la comprometida promoción y protección de los derechos humanos en México y en el mundo.

4. El medio ambiente

El desarrollo sustentable y sostenido es una prioridad para México. El debate y la cooperación internacional en torno de temas como el agua, la desertificación, el cambio climático, la biodiversidad, los asentamientos humanos y la utilización de fuentes de energía alternativa, por mencionar algunos, son centrales para el desarrollo futuro de México. Por ello, la participación de México en los diversos foros internacionales que tratan los temas es indispensable, así como la suscripción y el cumplimiento de los diversos instrumentos internacionales avocados a proteger el medio ambiente.

5. La cooperación internacional para el desarrollo

La cooperación internacional para el desarrollo brinda las mejores oportunidades y herramientas para hacer frente a los retos de la globalización, en particular para encauzar e institucionalizar los vertiginosos cambios que se producen en la arena internacional al requerirse, por ejemplo, la reglamentación de campos como el comercio electrónico, la bioética, el manejo de recursos fitogenéticos, los productos transgénicos, la educación a distancia y otros temas.

El objetivo fundamental en esta área debe ser redefinir los términos de la cooperación internacional, a fin de que ayude a responder a los retos de la globalización, eliminando del todo la visión asistencialista y teniendo debidamente en cuenta los intereses de los países oferentes y receptores de cooperación. Ello hay que hacerlo tanto a nivel de prioridades como de mecanismos de ejecución, a fin de que la cooperación internacional coadyuve a la solución de los problemas de ­ desigualdad y exclusión social; educación y formación de recursos humanos; desarrollo económico, social y del medio ambiente sustentable, acceso a los avances de la ciencia y la tecnología y favorezca la inserción de los países de menor desarrollo a los sistemas productivos, comerciales y financieros.

En esta tarea, países como México, que son tanto oferentes como receptores de cooperación, tienen que coordinarse para ser un factor de importancia en el establecimiento de un nuevo régimen internacional de cooperación internacional.

Finalmente dos asuasos merecen una mención clara y específica. El primero de ellos es el voto de los mexicanos en el extranjero. La tarea es sumamente compleja y costosa, pero se deberá aprobar la ley reglamentaria y buscar los mecanismos más convenientes que garanticen el ejercicio del derecho al voto de los mexicanos residentes en el exterior. Ello contribuirá a un México más libre y democrático, a un mayor involucramiento de las comunidades de mexicanos en el exterior en el desarrollo del país.

El segundo se refiere al Servicio Exterior Mexicano (SEM), instrumento del Estado para la defensa de sus intereses en el mundo. La ejecución de la política exterior no puede estar en manos improvisadas. No puede continuarse con la política de nombrar a políticos en desgracia o a amigos como embajadores y cónsules generales de México cuando, al mismo tiempo, se exige a los diplomáticos de carrera el ingreso y el ascenso por concurso de oposición.

El ex canciller Castañeda Gutman utilizó los puestos diplomáticos para crear alianzas políticas a favor de sus aspiraciones presidenciales, sin tomar en cuenta los proyectos diplomáticos. Estos nombramientos deben desmantelarse de inmediato por el nuevo secretario Luis Ernesto Derbez; si no, su gestión estará condenada al fracaso. Esta práctica del amiguismo desalienta la consolidación del servicio exterior, el servicio civil de carrera más antiguo del país.

Por ello conviene estudiar modificaciones a la nueva legislación existente para garantizar que el manejo del servicio exterior como botín personal o de grupo no continúe. A la vez, hay que promover la constante capacitación y actualización del servicio exterior, racionalizarlo, limitando los nombramientos de personal asimilado de diferentes secretarías de Estado a las embajadas en el exterior. Ello implicará fortalecer el papel de la Secretaría de Relaciones Exteriores como coordinador de la acción de México en el exterior.

El SEM debería recibir el mayor respeto y apoyo. Al frente de las embajadas y los consulados de México deberían estar los funcionarios de carrera más capaces y probos, no ser desplazados por nombramientos políticos. Asimismo, habrá que exigir a los jefes de misión mesura, discreción y absoluta honestidad en sus funciones de representación. México es un país con muchas carencias y nuestros embajadores si bien deben representarnos con dignidad, no deben incurrir en gastos ni actitudes ostentosas.

Con esta cuarta y última parte de la serie concluimos la propuesta para Vicente Fox de una nueva política exterior integral. Las partes anteriores fueron publicadas los días 20 de enero y 3 y 17 de febrero pasados en la primera plana de EXCELSIOR.