¿Refundación del Partido que Generó la Revolución Mexicana?

 

Por LEOPOLDO ZEA

 

El 21 de febrero pasado, el embajador del Brasil en México, Luiz Filipe de Macedo Soares, impuso a la diputada Beatriz Paredes Rangel las insignias de la Orden de Cruzeiro do Sul, en el Casino Naval. La distinción se la había otorgado el Presidente brasileño Fernando Henrique Cardozo cuando la legisladora priísta encabezaba el Congreso de la Unión. Hoy, el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva confirma el honor.

Estaban presentes muchos embajadores latinoamericanos y de otras regiones del mundo, como Australia. Sorprendente fue la presencia de destacados priístas al acto. Un acto contrario al grosero fraude que se le hizo a Beatriz Paredes para asumir la presidencia del PRI.

Este partido fue la expresión última que asumió el organismo concertador que fundó el Presidente Plutarco Elías Calles en 1929, al triunfar la Revolución que se inicia en 1910. Un organismo para impedir que los caudillos revolucionarios triunfantes se exterminaran entre sí.

Partido concertador que impusieron los caudillos más fuertes, los de Sonora, para hacer posibles las metas por las que millares de mexicanos dieron su vida: "Sufragio efectivo, no reelección" y "La tierra es de quien la trabaja".

Dentro de este organismo los revolucionarios pondrían en marcha el desarrollo y con éste la democracia. Esto llegó en 1994. Las riquezas de nuestra tierra habían sido rescatadas para los mexicanos. La Revolución en marcha hizo también suya la fuerza moral de la Universidad Nacional de México, que se encargó de preparar el futuro de la Nación.

Luis Donaldo Colosio fue quien puso en marcha el cambio. El organismo concertador terminaba su función. El pueblo, garantizada la validez de su voto, será la única fuente de poder.

"El PRI no será un partido de gobierno, sino de opción de servicio y los partidos de oposición serán lo mismo". Por proponerlo, el candidato priísta a la Presidencia fue sacrificado. Fue el Presidente Zedillo el que lo hizo suyo y realizó el cambio.

La UNAM recientemente reafirmó su papel de futuro de la nación, como lo expresó el rector Juan Ramón de la Fuente. Hay que hacerlo "pensando en grande". Nuestro gran problema y estímulo es ser frontera de Estados Unidos. Los mexicanos conocemos su voracidad. Perdimos más de la mitad del territorio y con él las riquezas, como el petróleo.

Pese a ello, los mexicanos han hecho patente su resistencia sin más armas que la dignidad. "¿Me amenazas con destruirme? ¡Destrúyeme!" Los mexicanos exigimos respeto a nuestra soberanía y rechazamos toda intervención. Lo exigimos también para todos los pueblos de la Tierra.

Ningún Mandatario estadunidense se ha atrevido a destruirnos. En Europa y Asia, ellos tenían que enarbolar banderas de respeto en pueblos como el nuestro para participar en dos grandes guerras. Pese a ello y con diversos pretextos hemos sido agredidos, al igual que el resto de nuestra América. Apenas ayer por la Guerra Fría y ahora por la economía de mercado.

Bajo el gobierno de William J. Clinton esta situación mejoró. Sostenía que el bienestar de su pueblo dependía del bienestar de sus vecinos y de los vecinos de sus vecinos.

Cuando Clinton ayudó a México en la crisis económica de 1994, dijo que no lo hacía por el bien de los mexicanos, sino por el bien de los estadunidenses que también sufrían la crisis. Para triunfar y ser reelecto, Clinton propuso incorporar a los marginados estadunidenses al "sueño americano".

Terminado el gobierno de Clinton se puso en marcha la más brutal de las injerencias. Había que poner fin a los sentimentalismos. "¡Nosotros sí vamos a destruirlos! Por encima de los intereses de cualquier pueblo del mundo están los intereses de Estados Unidos".

Antes de terminar el gobierno de William Clinton se puso en marcha la política represiva. Se escogieron los hombres para hacerlo a lo largo de la Tierra. Lo mismo se hizo para América Latina. Para México se eligió a Vicente Fox, un empresario de la Coca-Cola nacional ducho en técnica de mercado. Era necesario hacerlo, porque México había alcanzado la macroeconomía y ponía en marcha la democracia.

Fox tratará de poner fin a una larga lucha histórica de dignidad, la cual se inicia con la conquista y el coloniaje español, y sigue contra el neocolonialismo occidental. México es un pueblo mestizo. Al que se integró el español igualmente mestizo. Antes se hablaba de españoles e indios, ahora de mexicanos e indígenas. Cada uno en su lugar.

Fox anticipó fraude antes de las elecciones. Fraude con el que pondría en marcha la contrarrevolución. ¡No hubo fraude! El pueblo había votado contra la corrupción del organismo concertador. ¡Se había puesto en marcha la democracia! El PRI perdió la Presidencia pero mantuvo la mayoría relativa en el Congreso.

El pueblo mostró así sabiduría. Fox Quesada no lo entendió. Tenía una misión que cumplir y la cumpliría, pese a ser un Presidente legitimado. Centralmente tenía que destruir al PRI. El descontento de varios priístas por haber perdido la Presidencia dio el instrumento a Fox. Dentro de esta gente se encontraban los que hicieron el grosero fraude a la presidenta del Congreso, Beatriz Paredes. El mismo fraude que la sociedad civil había castigado.

Conocemos todo lo que siguió bajo la Presidencia de Vicente Fox. Sus primeras visitas de Estado al Vaticano y China. En todas partes se aplaudía a Fox, lo que se reprochaba a Ernesto Zedillo.

Pero algo sucedió después en la visita de Fox a Johannesburgo, en Sudáfrica, Allí conoció y mostró su admiración por Nelson Mandela. El guanajuatense cambió y se enfrentó al que consideraba su amigo, George W. Bush.

El Presidente Fox en su antagonismo hablaba siempre de su amigo Bush. Así lo expresó al terminar la reunión de la ONU en Monterrey. "¿Usted hace lo que le dice Bush?" Le preguntaron. "¡No, es Bush el que hace lo que yo le digo!"

Entre amigos podían darse mutuo apoyo. Fox le pidió a Bush amnistía para los indocumentados mexicanos. La respuesta no fue la de un amigo. Los indocumentados entraban a Estados Unidos en busca de trabajo. Ahora sólo encontrarán muerte. "¡Déles trabajo en México!", contestó Bush.

Obviamente éste no era un amigo. No sólo le pedía, sino le exigía, como si fuera un sirviente. Fox debió sentir coraje, indignación, punto de partida de la dignidad. Los que sirvieron a Fox para destruir al PRI se quedaron colgados de la brocha.

Ahora Fox, como nuestros presidentes en el pasado, enfrenta presiones externas e internas. La de mexicanos que no van a poder vender su mercancía a Estados Unidos y protagonismo como el de su esposa, Martha Sahagún. Los secretarios de Relaciones Exteriores que en el pasado se opusieron a toda intervención, recientemente se reunieron para considerar que hay que resistir las presiones. De no hacerlo, la injerencia será insoportable.

Se preguntaron por qué Fox aceptó que México tuviese un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Posiblemente fue fruto del mismo protagonismo del Presidente. Dentro de este horizonte, Brasil ha otorgado a Beatriz Paredes el reconocimiento que recibió y agradeció. México, expresó, es un país mestizo. En Brasil, José Vasconcelos vio la Raza Cósmica.

En ese país se habla siempre de vida, mientras en otras partes del mundo se habla de muerte. ¡Hay que estar con la vida! La presencia de destacados priístas en el acto hizo pensar en la refundación del PRI, que posibilitó la macroeconomía y ha puesto en marcha la democracia. Todavía hay gente en este partido resentida por haber perdido la Presidencia. No entiende que en una democracia la Presidencia, como el Congreso, se gana o se pierde con el voto del pueblo.

"¿Usted cree que Fox ha cambiado?" Me preguntaron. Sí, les contesté. "No puede ser, fue Fox el que nos despojó de la Presidencia". Sin embargo, la refundación del partido dentro de la democracia puede regresarle la credibilidad que, pese a todos sus errores, le otorgó una y otra vez el pueblo.

Por ello no se vale pedirle al Presidente de la República que aguante las presiones externas, a la vez que los protagonismos internos que desarticulan el país.