Estados Unidos-Irak

 

Gobierno Ante la paz o Guerra

 

Por MARIO MOYA PALENCIA

 

García Márquez hablaría de la Crónica de una Guerra Anunciada, Vargas Llosa de El Chivo en Cristalería y nuestro Carlos Fuentes de La Silla sin Aguila, al comentar con tintes de novela el comportamiento desvariante pero obsesivo del Presidente George Bush para llevar a Estados Unidos -y si puede, al mundo- a un conflicto armado y tal vez nuclear contra Irak, al que ha acusado, sin probarlo, de tener armas de destrucción masiva en menor cantidad y calidad que su propio país.

Escribimos este artículo antes que el Consejo de Seguridad se reuniera para conocer el informe de los inspectores encabezados por Hans Blix. Se ha filtrado que es un reporte equilibrado que consigna los avances del desarme iraquí y lo que falta por hacer, sin cargarse demasiado de un lado u otro. Por tanto se prestará a un debate que puede ser enconado entre tirios y troyanos, a que la discusión se aplace o a que los proyectos de resolución (más adelante veremos que no hay sólo uno) -por lo contrario- sean discutidos e incluso votados, con resultados más o menos previsibles. Pero hagamos una pausa y retrocedamos unos días para concentrarnos en el panorama de este asunto dentro de nuestro país.

Las dos últimas semanas han estado llenas de acontecimientos novelescos. Espionaje norteamericano contra México y otros países miembros del Consejo de Seguridad. Desarme voluntario de Irak respecto a parte de sus misiles Al Samoud y acuerdo con la ONU de un plazo para desmantelar el resto, unos 34, que parece haberse completado ya. El Presidente Fox, que había persistido en sus llamados a la paz y en su actitud contra la guerra, habló después de "desarme multilateral a Irak", llamó "tirano" a Saddam Hussein y sugirió que el conflicto armado estaba por comenzar. Haciendo frente al problema de "Amigos de Fox" ordena el encarcelamiento del ex presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, mientras Cuauhtémoc Cárdenas y otras voces cuestionan su legitimidad y hay quien recuerda que esa asociación política recibió dinero de la empresa multinacional Enron hace tres años, lo que -en el momento de las presiones internacionales y la visita del padre del Presidente Bush- parece algo más que una sospechosa coincidencia.

Estados Unidos envía 60 mil soldados más a Oriente Medio y el canciller Derbez informa que se reunió en secreto en Washington con Colin Powell, sin convencerlo de que se otorgue un nuevo plazo a los inspectores para efectuar sus revisiones, pero afirma que hasta la semana próxima se sabrá el sentido del voto mexicano en el Consejo de Seguridad, que ya se creía en contra de la pretensión bélica de nuestros vecinos.

Bush exige a México "que se alinee" con él, pero no amenaza con "castigos significativos", sin definir éstos. Fox dice que no hay que preocuparse por la reacción de EU a la decisión que tome el gobierno mexicano en el caso de Irak, "porque Washington la conoce bien" (aunque nuestro canciller aparentemente aún no la conocía entonces).

El jueves pasado la prensa mexicana publica el dato que puede ser salvador: Francia y Rusia se opondrán o vetarán cualquier resolución bélica y Alemania también estará en contra. Fox retoma el lenguaje pacifista: en telefonema a Bush le dice que el gobierno de México seguirá pugnando en el Consejo de Seguridad porque el desarme de Irak se logre "con acciones diferentes a la guerra". Luego comenta: "Quedó muy clara la reiterada posición de México... en la búsqueda permanente de la paz".

Total: de novela. Aunque la gravedad del asunto es para que éste fuera tratado por todos sus actores, nacionales y extranjeros, con enfoques más profundos. Ribete tragicómico: Colin Powell, ante el peso del veto de los aliados europeos, declara que su país atacará a Irak con y sin la ONU, como habíamos advertido en estas páginas el 10 de febrero pasado al inicio de nuestro artículo. Bush lo confirma ante la TV, reiterando la determinación de ir a la guerra y desarmar a Irak por la fuerza. "No necesitamos el permiso de nadie" para defendernos, dice. Berrinche anti-ONU muy inoportuno. Debe haber irritado a todos los miembros del Consejo, ya que así se menospreciaba su alta competencia internacional.

Con el veto anunciado, lo más probable es que Estados Unidos, si la reunión del Consejo del viernes 7 no es definitiva, no esperen otra y no alimenten la esperanza de obtener una resolución que los autorice a atacar a Irak, por lo que lo harán solos o acompañados de algunos aliados incondicionales como Gran Bretaña y quizá España, donde las cosas se le están poniendo cada vez más feas al señor Aznar.

El rompimiento de las relaciones de antaño entre Europa y EU es ya un hecho. Si provoca una votación para presionar definiciones, éste se dará cuenta de que en materia de hacer una guerra sin sentido puede considerarse aislado. A última hora Francia, Rusia y Alemania declaran que "no habrá una segunda resolución que autorice el recurso a la fuerza" y que el "objetivoX)omún sigue siendo el desarme efectivo y completo de Irak de manera pacífica" y no el derrocamiento de Hussein como ahora prefieren los norteamericanos. Los tres países proponen que las inspecciones prosigan a un ritmo acelerado e invitan a Bagdad a cooperar en ellas más activamente dentro de un programa y un calendario detallados, con una "hoja de ruta" que defina una solución global para Oriente Medio. Esta parece ser la salida más aceptable.

Un proyecto de resolución que dijese todo eso competiría contra la iniciativa norteamericana, pero Francia, Rusia (y quizá China) no descartan la posibilidad del veto. El mundo apoya la paz y el 15 de marzo habrá nuevas manifestaciones en docenas de ciudades.

Esas dos semanas a las que nos referimos dieron la idea de que México abandonaba una posición firme basada en la solución pacífica de controversias y en la no intervención; esto es, en los principios torales de nuestra política exterior señalados en la Constitución de la República (artículo 89, fracción X) y la Carta de las Naciones Unidas, para abrazar una política de contentillo con EU y hasta de trueque o cambalache por una dispensa de sanciones o por un convenio migratorio.

Otra vez nos referimos a Carlos Fuentes, quien en unas excelentes declaraciones en Puebla el 2 de marzo pasado, sentenció: "México no puede convertirse en un bazar ni en una tienda para aceptar cambalaches, México es una nación". Y advirtió: si Estados Unidos daña a México, estará dañándose a sí mismo, dado que se encontrará con una frontera sur insegura, que entonces se convertirá en una zona mucho más peligrosa que la de Saddam Hussein.

Y tiene razón, porque la Unión Americana y México han llegado a una fuerte interdependencia y ambos deben ser maduros -México lo es, el otro país aún no- para entender que es legítimo disentir en asuntos multilaterales y aún bilaterales y que los diferendos no deben convertirse en represalias o contaminar la relación entera.

Pero en el estado actual en que se encuentran las cosas nuestro país -que nunca debió ingresar al Consejo de Seguridad- puede parapetarse tras el veto de Francia, China o Rusia, que por sí mismos hacen imposible una resolución válida del Consejo, y votar claramente contra la guerra. El voto a favor de una intervención armada seria inimaginable y contrario a lo que siente el pueblo de México, no sólo totalmente ajeno a nuestros principios. Y la abstención, además de cobarde y absurda, una actitud que de todas maneras enfrentaría al país con Estados Unidos -puesto que no lo habteamos "ayudado"- sin satisfacer los requerimientos de la opinión pública ni de una política de Estado. ¡Ingresar al Consejo de Seguridad para abstenerse!

El problema posible sería que Francia y Rusia, a quienes EU está presionando al máximo, se vean obligadas a no vetar la resolución de ataque que el gobierno norteamericano propondrá el viernes 7 o en su defecto hacia el 17 de marzo, o a cambiar su veto por una abstención, y entonces los votos de los países que son miembros no permanentes, como México y Chile, se volverían imprescindibles. En ese caso el Presidente Fox debe mantenerse en la negativa o se provocará serios problemas con los mexicanos que no apoyan una guerra que no es suya ni les interesa volver a ser lacayos de los norteamericanos, como en los recientes tiempos del canciller Castañeda. Esta parece ser la última posición del Presidente. Por lo menos la que se conoció por los medios la mañana del viernes 7 de marzo, antes de la reunión de Nueva York.

Por cierto que los miembros permanentes, según nuestro criterio, no pueden abstenerse, aunque lo hagan a menudo y ese procedimiento sea aceptado en contra del Derecho. En efecto, la Carta de la ONU prescribe que para que una resolución del Consejo de Seguridad sea válida se requieren los "votos afirmativos" de esos cinco países (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia), por lo que una abstención no es un voto afirmativo y por tanto debería tomarse como un veto. Fuera de los cinco grandes se necesita completar hasta nueve votos afadmativos en total: es ahí donde entramos nosotros y otros países en desarrollo que ni boleto tienen en la rifa y que se ven enrolados en ella.

La paz del mundo está en peligro. Y la ONU también. Si Estados Unidos se salta al Consejo de Seguridad como lo hizo con sus aliados de la OTAN en el caso de los bombardeos de Kosovo y Yugoslavia, hace unos años, y ataca Irak, debilitará el multilateralismo y pugnará por la prevalencia de la "ley de la selva" en vez del Derecho Internacional, que es el único que puede salvar a la humanidad del "flagelo de la guerra".

En cuanto al gobierno mexicano, sus vacilaciones, marchas y contramarchas, declaraciones contradictorias y presiones resistidas a medias que ni siquiera se denuncian por temor, demuestran lo mal preparado que se encuentra para navegar en el mar proceloso del Consejo de Seguridad, a cuya composición antidemocrática se opuso nuestro país desde la Conferencia de San Francisco, fundadora de las Naciones Unidas, en 1945, pero al que ingresó el año pasado contra lo que aconsejaban la prudencia y la razón. Ojalá sea capaz de resistir en favor de la paz. Vamos a ver cómo termina la novela.