Debilidad y Fuerza del Derecho Internacional

 

Por FERNANDO PEREZ CORREA

 

1.- El lunes próximo dará inicio, en Querétaro, una reunión internacional de estudiantes de relaciones internacionales, que se congrega periódicamente para reproducir el funcionamiento de la Organización de los Estados Americanos, OEA. La idea es recibir en un país sede, a jóvenes de las distintas naciones agrupadas en la OEA, a fin de que asuman la identidad de la delegación de un país distinto al suyo, y reproduzcan los procedimientos de la Asamblea del organismo, los debates correspondientes y, desde luego, los acuerdos consecuentes. Modelo OEA se llama este ejercicio. Su objetivo es promover el encuentro fraternal y cooperativo entre jóvenes estudiantes del continente, invitarlos a comprender los puntos de vista y las consideraciones de los ciudadanos de otros Estados, proporcionarles una experiencia que les permita  interiorizarse con los principios, objetivos y valores de la OEA; en fin, prepararlos para la profesión diplomática inspirada en la cooperación y  solidaridad internacionales.

2.- La responsabilidad de organizar y alojar al Modelo OEA este año recayó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. La ciudad de Querétaro ofreció facilidades y apoyo sin igual, y fue consecuentemente escogida como sede de la reunión. Los trabajos se desplegarán a lo largo de una semana y, se supone, las conclusiones reafirmarán el compromiso de los participantes con los valores esenciales de la Organización: la paz, la sipución pacífica de las controversias, y la asistencia recíproca y ayuda mutua entre las naciones de la región. Los países participantes reiteran con estas prácticas su confianza en los organismos multilaterales como instrumentos de la solidaridad internacional.

3.- Sin embargo, esta reunión se llevará a cabo en condiciones totalmente adversas: la guerra de Irak. Nada de lo que está ocurriendo contribuye coherentemente a apoyar a los organismos internacionales, sus fines, principios y procedimientos. Los participantes han aprendido a valorar los organismos multilaterales; las hostilidades se han iniciado al margen de éstos. Los estudiantes conocen el valor de la paz y la solución pacífica de las controversias; los hechos contradicen sus conocimientos. Los jóvenes vienen a adiestrarse en el ejercicio del diálogo y el acuerdo al servicio de la convivencia y la tolerancia; esta guerra parece servir más a la obsesión, el apremio y la renuncia a la esperanza.

4.- Son incontables ya los comentarios que han inspirado las hostilidades en el Oriente Medio. Es asombroso constatar que las dos cadenas mexicanas de televisión más importantes, han establecido sendos centros de información en la vecindad de Irak; una en Kuwait y otra en Siria.

Los grandes programas informativos han hecho de esta guerra la médula de sus últimas transmisiones. Más que a la información, los escuchas y televidentes del país están expuestos a la estridencia, la reiteración y el amarillismo. No es más halagador el panorama que ofrecen los medios internacionales. A los atributos de la información mexicana puede sumarse, en dichos medios, la parcialidad y una cierta xenofobia. Son variados y ciertamente sesgados los análisis, escenarios, proyecciones y llamados que ofrece la prensa escrita. Hace unos días comenté en este espacio que las afiliaciones se han hecho extremas: van desde la decisión de formar escudos humanos para proteger a Saddam Hussein, hasta la propuesta de aprovechar la ocasión para sacar ventajas migratorias a cambio del apoyo a la guerra.

5.- Y con todo, hay dos aspectos del tema iraquí que me parece necesario abordar. Uno es la crisis del orden mundial contemporáneo y el otro es la defensa de la seguridad mundial. Son muchos los analistas que afirman la llegada de la ONU al filo del precipicio y anuncian su estado terminal.

Me parece un error. Nunca se propusieron los creadores de la antigua Sociedad de Naciones y de la actual Organización de las Naciones Unidas generar un instrumento que asegurara el orden mundial por la vía de la coerción. Ni las consideraciones que expusieron en 1945 las naciones decididas a unirse en un organismo compartido, ni la Carta de las Naciones Unidas, permiten atribuir a la ONU semejante función. Las consideraciones iniciales, en efecto, se propusieron: "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra", y para tal efecto, se  comprometieron "a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos". El artículo primero de la Carta, por su parte, destaca como primer propósito de las Naciones Unidas: "mantener la paz y la seguridad internacionales"; mientras el artículo segundo incluye, entre los principios de acuerdo con los cuales procederán la Organización y sus miembros, el arreglo de las "controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia".

6.- Ni siquiera el Capítulo VII de la Carta, que establece los instrumentos coercitivos de los que dispone la Organización, corrobora la pretensión de hacer de las Naciones Unidas un guardia mundial. El Artículo 41, en efecto, establece que: "El Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá instar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas". Por su parte, el artículo 42 dispone que: "Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria  para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas". En suma, nada de los principios fundadores de la ONU autoriza a esperar del organismo una función de agente internacional del orden.

7.- Es obvio que Estados Unidos, el Reino Unido, España, y el cerca de medio centenar de países que han decidido apoyarlos, están actuando al margen, e incluso en contra de la Carta. Ahora bien, constatar que vivimos en un orden unipolar, donde el hegemón pretende dominar sin consenso, y sin someterse d procedimientos establecidos para garantizar el derecho, no demuestran que la ONU sea una instancia ociosa o ineficaz. Demuestra, por el contrario, que es preciso insistir en el derecho internacional y en el valor de la paz como condición para civilizar las relaciones internacionales e instaurar un orden que, por encima de su unipolarismo, afirme su apego al derecho y a los principios y valores humanos consagrados precisamente por la ONU. De no existir ésta, habría que inventarla. Y de existir ésta, como un mecanismo de fuerza, habría que limitarla para convertirla en una instancia de acuerdo y cooperación. Lo mismo puede decirse de otros organismos multilaterales; entre ellos  precisamente la OEA.

8.- La segunda cuestión es mucho más espinosa. Muchos autores han expresado que, en los hechos, Estados Unidos representa una grave amenaza contra la seguridad mundial. Otros autores postulan exactamente lo contrario y ven en la superpotencia una garantía para los regímenes democráticos y la protección de los derechos humanos. Después de todo la discrepancia es legítima. Lo cierto es que, una vez desbordado el marco jurídico de la ONU, la defensa de la seguridad se ha encaminado por una senda que precisamente genera inseguridad. Mil años después, las voces islámicas expresan aún el resentimiento con las Cruzadas. Me pregunto si Estados Unidos no se expone a hacer suyo un legado acumulado de rencor por las guerras palestinas, las guerras santas y el sentimiento de atropello, para los próximos mil años.

9.- La guerra comporta certidumbres terribles. Pero son peores aún las incertidumbres que genera. El mundo no puede ser arrinconado a escoger entre las maldades del régimen de Hussein y las arbitrariedades de la Pax Americana. Es preciso construir una solidaridad internacional que haga de la unidad planetaria una tierra común de colaboración y fraternidad. Por eso, así sea en el contexto de la violencia y las insuficiencias del multilateralismo, cabe regocijarse de que cerca de un millar de jóvenes de América se reúnan para simular debates constructivos y luchas comunes por la libertad y la justicia, objetivos prioritarios, por cierto, de la Organización de los Estados Americanos.