La Bola de Cristal

 

Fox y el PAN

 

Por CESAR LEAL

 

Escenas como ésta que ahora veo en mi bola de cristal, he visto muchas pero ninguna tan tempestuosa. En medio del foro de una asamblea del Consejo Nacional del PAN está Fox, que con su tronante voz insiste tenaz en algo que turba el sosiego en las plurales formas que la protesta toma cuando el ánimo general es de congoja y susto.

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Nota: Debo decir del Consejo Nacional del PAN, para que la escena tenga el peso de los hechos, que en mi extensa participación en las actividades de distintos grupos humanos de diversos objetivos; políticos, educativos, religiosos, deportivos, jamás conocí uno que por su rectitud, patriotismo y fervor me haya dejado tal sensación de respetable, que resulta difícil oírlo sin subordinarse con leal disciplina a sus decisiones u ordenamientos.

Se compone de 273 miembros de toda la República, se reúne tres veces al año -cónclave-, no entra absolutamente nadie que no sea consejero y en su seno se analizan y discuten toda suerte de acuerdos y desacuerdos, de posiciones e indisposiciones, a veces en tonos no tan dulces ni educados.

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Fox decía con su método de acetatos y movimiento de manos en contrapunto: "¡Estas estadísticas muestran que durante cincuenta años, el partido ha sido tímido, porque los números electorales no corresponden a la magnitud de la intención ni del esfuerzo, porque a veces por fraude, pero otras por falta de ambición, estamos muy lejos de la meta, y si seguimos así, no es más que extrapolar las curvas, tendremos un Presidente -de la República- dentro de 120 años!"

Aquello tenía algo de cierto; "los honorables consejeros se tiraron ceniza en la cabeza". La afirmación tocaba fibras de panistas viejos, de pasado heroico en una brega de eternidad, a la que Fox pedía que se le pusiera fecha.

Uno de ellos, norteño de siete guerras y un tiroteo, alzó la voz -tembloroso- y dijo: "Lo que pasa Vicente Fox, gobernador de Guanajuato, es que tú nunca has entendido al PAN, y déjame que te lo enseñe con un pasaje casual de mi vida que sucedió en un viaje que hice con mi mujer a Egipto, en el que en la contemplación obligada de las pirámides, el guía del grupo de turistas al que nos habían asignado, hizo referencia a la narración bíblica de los cuarenta años que duró el éxodo de los judíos, de allí a la tierra prometida, que quedaba a escasos ochenta kilómetros de distancia.

En mala hora hice en voz alta -continuó el orador impugnante- un comentario irónico que me dio la respuesta que yo te doy ahora, Vicente Fox. Dije yo: "Algo mal traía Moisés, que duró cuarenta años para recorrer con su gente ochenta kilómetros".

Pero un judío que por ahí estaba, de nombre León Koppel, reprimió mi impertinencia casi colérico (ofender a Moisés para un judío es tan grave como ofender a Jesús para un cristiano): "¡No sea usted insensato!, el Profeta nunca estuvo equivocado ni trajo nada malo, lo que le cuesta trabajo a su estulticia es entender que cuando Moisés sacó del poder de los faraones a los hombres y mujeres del pueblo escogido de Dios, habían sufrido doscientos años de cautiverio; y su mente era de parias, su corazón de esclavos y su condición de humillados, y Moisés tuvo que esconderlos en el desierto durante cuarenta años para que nacieran y crecieran tres generaciones a las que se les pudiera enseñar a ser libres".

Aquella era la historia del PAN. El Consejo todo, guardó un escalofriante y largo silencio, Fox también guardó un escalofriante y largo silencio.

La atmósfera que se creó ubicó a los consejeros en su papel de guardianes de un espíritu, pero también en el de proponentes de un proyecto, en el que Vicente Fox expuso -con fundamentaciones sólidas- el suyo, que varias horas después fue aprobado por unanimidad.

Como que quedó flotando la convicción de Fox de que la salvación de México -igual que ayer- no era nada más para los circuncidados, sino para todos... los gentiles.

Veo esfumarse la imagen pensando en que ese día comenzó la gesta que se consumaría el 2 de julio.

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Nunca ha estado el Presidente fuera de la raya del partido, el riesgo que ha aceptado en su gestión es el mismo que Gómez Morín aceptó cuando enseñó a sus seguidores: "Acción Nacional nunca se casará con un régimen, ni aun con el que pudieran formar hombres suyos llegados al poder. Cree que el poder no es un título sino que hay que estar mereciéndolo o ganándolo de momento a momento".

Si los hombres de otros partidos que Fox generosamente llamó cumpliendo con aquella consigna no lo entienden, peor para ellos y para su patria que tendrá que prolongar la espera.

Si los hombres de Acción Nacional que no fueron llamados a ocupar ningún escritorio grande ni pequeño alimentan en su corazón un resentimiento, peor para ellos porque habrán dado la razón a los que dicen que hay algo que distancia a Fox de su partido, porque sabemos que en el fondo su deseo engendra ese pensamiento. Y también la patria sufrirá su quebranto.

Sé que estas reflexiones sobre la escena de la bola de cristal se mueven en las alturas de la doctrina, del sueño, del ideal, y que muchas veces al bajar a la condición del hombre frente al poder, se tienen que capear dificultades entre hermanos -a veces insalvables-, que quede eso entre los pecados de Judas y de Pedro.

De manera irrebatible Fox ha conseguido dos permanentes aspiraciones del PAN, la condición democrática y el respeto a la limpia pluralidad, en esas canchas tienen que jugar ahora los panistas cuando salgan de nuevo al juego.

cesar@sep.gob.mx