Dominio Público
 
+ PGR y Narcotráfico
+ Enfoque Equivocado
 
   Fausto Fernández Ponte
 
   En México, el narcotráfico es un asunto policiaco. Y
militar, añadiríase. También lo es en Estados Unidos. En
Europa. Y en la América indo, afro e ibérica.
 
   Dicho de otro giro: el comercio ilícito de estupefacientes
y sustancias psicotrópicas es registrado en esos países como
un problema a resolver por la policía y las Fuerzas Armadas.
 
   En nuestro país, ese comercio es combatido por el
Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina Armada. También lo
combaten las fuerzas policiacas federales. Con ayuda de EU.
 
   Ese es el enfoque. Así se observa en el I Encuentro
Interamericano de Mecanismos de Cooperación en la Lucha
Contra el Crimen Organizado, que se realiza en esta capital.
 
   En ese Encuentro, funcionarios gubernamentales de varios
países americanos, la OEA y la ONU y de la PGR intercambian
experiencias. Pero son experiencias policiacas y militares.
 
   No son experiencias políticas. Ni siquiera económicas. Ni
mucho menos sociales. En otros países, como en China, el
narcotráfico es un problema social. Y así se le enfoca.
 
   Un viceministro de Estado de China, Jianng Shaogao,
subdirector del Diario del Pueblo, de visita en México, nos
dijo en una comida con columnistas: "No es problema
militar".
 
   "Tampoco es un problema policiaco", añadió. "Como
problema
social, el Estado y la sociedad de China han diseñado las
estrategias para enfrentarlo y superarlo".
 
   Jianng encabeza una delegación de funcionarios del Diario
del Pueblo, órgano del Comité Central del Partido Comunista
Chino. El anfitrión en esa comida fue José Luis Becerra.
 
   Becerra es el director general de la Agencia Mexicana de
Información, que distribuye artículos de opinión y columnas a
60 periódicos de todo el país. AMI se fundó en los ochenta.
 
   El tema del narcotráfico en China fue abordado durante ese
ágape. Jianng reconoció que el problema es enorme. Y el
Estado chino lo enfrenta. Pero como un problema social.
 
   Lo que define el carácter social del problema es que el
narcotráfico es, en lo que respecta a México, el mayor
empleador de mano de obra. Más que Pemex.
 
   En México, según cifras confiables ajenas a fuentes
gubernamentales, el narcotráfico emplea a un millón de
personas. En otros países americanos emplea a más gente.
 
   Además, es ingreso seguro para ese millón de mexicanos. Al
contado. Sin impuestos. Ni descuentos ni deducciones
patronales. Y hasta con servicio médico.
 
   En nuestro contexto de marginación, pobreza y miseria, los
cárteles disponen de abundante mano de obra. Campesinos. Y,
en las ciudades, distribuidores mayoristas y minoristas.
 
   Así, la depauperación lleva a muchos a sembrar, cultivar u
cosechar mariguana o amapola, por citar un caso. También
induce a citadinos a ser distribuidores del estupefaciente.
 
   Y a ser vendedores de "grapas" --bolsitas de plástico con
pocos gramos de cocaína adulterada-- en las escuelas y hasta
en la calle. También proveen a adultos.
 
  Muchos de esos adultos están situados en el poder económico
y político. No son pocos los gobernantes que consumen
cocaína. La Interpol tiene hallazgos al respecto.
 
   Las consecuencias del narcotráfico son sociales. Las
causales del consumo son psicosociales y culturales. El
mercado es de humanos: es, pues, societal.
 
   ¿Y qué hace el gobierno de México? La PGR hace reuniones a
puertas cerradas. Privatiza la lucha contra el narcotráfico.
El Estado no ataca el flanco social del problema.
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