Kadírov tropieza con primeras piedras como presidente chechén

Moscú, 8 oct.- Los planes del nuevo presidente de Chechenia, Ajmad Kadírov, para imponer el orden en esa república rusa han sufrido su primer revés con la muerte a balazos de dos altos cargos de sus fuerzas del Interior en Grozni, la capital chechena.

El Ministerio chechén del Interior informó hoy del ametrallamiento en el distrito de Leninski, en el este de Grozni, del jefe de un departamento de esa institución y de su adjunto.

Serguéi Sujonógov, teniente coronel de la policía chechena, y su ayudante, el comandante Serguéi Yenin, viajaban ayer en un automóvil cuando unos desconocidos les dispararon con fusiles de asalto desde otro vehículo.

El teniente coronel murió en el ataque y su subordinado en el hospital al que fue trasladado, indicaron las autoridades de Grozni.

Este es el primer incidente grave que afronta Kadírov, el jefe de la Administración provisional chechén pro rusa, tras su elección el pasado domingo como presidente de esta república del norte del Cáucaso.

Kadírov ya señaló que uno de sus objetivos como nuevo presidente de Chechenia es acabar con el caos en que está sumida la región, arrasada por dos guerras y sin visos de que los enfrentamientos entre la guerrilla y las fuerzas federales rusas lleguen a su fin.

El nuevo presidente, que asumirá su cargo el próximo día 19, obtuvo el pasado domingo la victoria sobre los otros seis candidatos con el apoyo del 80,84 por ciento de los votantes chechenes, en unos comicios muy controvertidos por la retirada de sus principales rivales y denunciados como una farsa internacionalmente.

Kadírov exige ahora que todo lo que tenga que ver con la seguridad en Chechenia esté bajo control del Ministerio del Interior chechén, formado en gran parte por miles de milicianos armados bajo el mando de su hijo Ramzán.

Tras su victoria, Kadírov prometió un acuerdo con Moscú para que las tropas del Ministerio del Interior ruso y del Ejército Federal se centraran en la "caza" de "bandidos y terroristas" en las montañas del sur de la república.

Mientras, la llanura, donde están las principales poblaciones chechenas, pasará a depender de sus fuerzas paramilitares, temidas y detestadas por buena parte de la población por los desmanes que han cometido.

El ataque de ayer contra dos mandos de estas tropas de Kadírov fue un primer golpe a sus intentos por convertir a sus milicianos en el "escudo" de la sociedad chechena, como los calificó hace unos días uno de sus allegados.

Otro problema que tiene ante sí Kadírov es el reparto de competencias con el Kremlin, su mentor, para gobernar Chechenia, donde reina el caos, el empleo es una quimera y el dinero de la reconstrucción desaparece en un saco sin fondo.

Para ello ya ha pedido el control de los notables recursos petroleros chechenes y de los fondos para la reconstrucción, la mitad de los cuales, según él, "se roba en Moscú y un 30 por ciento en Chechenia", con lo que "sólo un 20 por ciento" llega a la población.

El Kremlin, con toda su atención centrada en las elecciones parlamentarias rusas de diciembre próximo y las presidenciales de marzo de 2004, parece querer eludir una confrontación con un aliado como Kadírov en un periodo tan volátil.

Por eso, ante la exigencia del nuevo presidente chechén de cambiar el actual gobierno dictado directamente por Moscú, el Kremlin ha reaccionado con calma.

El primer ministro de Chechenia, Anatoli Popov, nombrado por Moscú para frenar las aspiraciones de grandeza de Kadírov, aceptó hoy esa condición y también la propuesta de que continúe por ahora al frente del Ejecutivo chechén.

"Se harán algunos cambios en el futuro, por supuesto, pero así ya ocurrió en el pasado. No habrá nada parecido a una revolución" en la renovación del Gobierno chechén, justificó Popov.

Como muestra de la mano tendida que, de momento, ofrece Moscú a Grozni, Popov destacó que estas elecciones demostraron que Kadírov "fue elegido por la gente y no impuesto por Moscú".

Popov también subrayó que la alta participación en estos comicios demostró que "la gente de Chechenia cree en las autoridades de esta república".

Esta opinión contrasta con las apreciaciones de organizaciones de defensa de los derechos humanos como el Grupo de Helsinki, que envió a varios de sus representantes a los comicios y constató graves vulneraciones.

Según Liudmila Alexéyeva, jefa de la oficina en Moscú de ese grupo, "estas elecciones han sido peor que una farsa, han sido un teatro del absurdo".

Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) también han criticado la forma en que se convocaron los comicios, su celebración y los resultados. EFE

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