ENMASCARADOS EN EL RING DESATAN DELIRIO DE LOS MEXICANO  

 

MEXICO DF. - Se arrojan sobre el público, escupen y hasta toman el micrófono para arengar a su rival a gritos, mientras la multitud ruge enloquecida, al ritmo de "We will rock you", el clásico de Queen.

 

Abismo Negro, Octagón, Starman y Gran Warrior son algunos de los nombres estelares de la lucha libre mexicana, deporte que cobró fuerza en México en la década de 1930 y que se ha vestido cada vez más de espectáculo a fuerza de acrobacias más que de lucha cuerpo a cuerpo.

 

Pintorescos uniformes y máscaras dan color a un deporte que despierta la euforia de niños y adultos, hombres y mujeres, y que basa su éxito dentro y fuera del país en su circense despliegue, que lo dferencia de la práctica en Estados Unidos o Japón.

 

En la Arena Coliseo, uno de los principales escenarios de lucha de la hiperpoblada Ciudad de México, es posible encontrar todos los domingos, en primera fila, a doña Dolores García, de más de 70 años, alentando de pie a su favorito, el Vampiro Canadiense.

 

El Vampiro, atractivo y de larga cabellera, es de los pocos luchadores extranjeros en México y, a diferencia de los que utilizan sofisticados trajes y máscaras, sólo viste ajustados pantalones de lycra con vivos plateados y fucsia.

 

Pero el Vampiro no sólo desata la pasión de Doña Dolores, sino también la de muchas mujeres jóvenes.

 

"¡Que se muera, que se muera!", le gritan las fans del canadiense a uno de sus rivales en un ambiente que se parece más al de un circo romano que al de un estadio.

 

A pesar de asistir con hijos y nietos, Dolores aclara entre risas: "Vengo desde 1950 y por mí, no por los niños. Yo quisiera subir y pegarle a los rudos, pero no puedo".

 

Cada semana asisten unos 12.000 espectadores a las tres funciones en las arenas Coliseo y México, aunque hay lucha libre también en otros escenarios pero no de forma regular.

 

Para el periodista y relator Alfonso Morales, el éxito de la lucha en México se basa en que opera como desahogo de las tensiones sociales en un país donde más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza.

 

"Este es un espectáculo que nunca se va a terminar mientras exista necesidad en este país", asegura.

 

"En pocos países se da ese paroxismo, esa histeria. El luchador mexicano tiene la espectacularidad, la magia de las máscaras y a diferencia de Estados Unidos, los luchadores no tienen tanto volumen muscular. Su fuerte son los lances (la lucha aérea)", explicó.

 

LUCHA ENTRE EL BIEN Y EL MAL

 

Gana el luchador cuyo rival esté por más de tres segundos con todo su cuerpo tirado en la lona, pero los mexicanos tienen tanto de actores que es difícil para un espectador inexperto saber quién va perdiendo y quién va ganando.

 

Es que la lucha libre representa al mundo, dicen los protagonistas. En el ring se baten el bien y el mal, representado por los luchadores "técnicos", que se baten limpiamente, y los "rudos", que apelan a lo que sea para acabar con su enemigo.

 

Tal es el caso de Abismo Negro, una de las principales figuras de la compañía "Triple L", quien pese a su privilegiado físico y su aspecto feroz puede recurrir a un aerosol para dejar atontados a sus rivales.

 

"Abismo Negro no es de este mundo. Viene de otra galaxia y es un ser muy malvado, a quien destierran precisamente por su maldad, pero un meteorito lo desvía a la tierra, donde muta como un luchador profesional y lleva a cabo toda su perversión", se define a sí mismo el villano enmascarado de traje rojo.

 

Uno de los encargados de salvar a los terrícolas de su maldad es Octagón, un luchador "técnico" adorado por los niños y quien hace 20 años dejó su puesto de abogado en el monopolio petrolero estatal de México, Pemex, para subir a un ring.

 

También jugó en primera división del popular club de fútbol América, pero nada como la lucha, dice entusiasmado: "te permite estar en contacto con la niñez y la juventud y estás metido en un personaje. En el fútbol casi no tienes contacto con la gente".

 

Y además, se gana bien. Un luchador consagrado puede llegar a cobrar unos 2.000 dólares por presentación y más si va de gira por Japón, país que considera a México como referente en lucha.

 

Tal es el caso del Hijo del Santo, uno de los 10 vástagos del mítico luchador El Santo, protagonista de más de 50 películas mexicanas entre 1960 y 1980 -algunas catalogadas como surrealistas- entre policíacas y de ciencia ficción.

 

NO SOLO COSA DE MACHOS

 

Lejos de lo que podría pensarse al observar las llaves, los duros golpes que se asestan los luchadores y el estrépito con que caen al piso, la lucha libre no es sólo cosa de hombres.

 

En un país reconocidamente machista como México, también hay luchadoras y hasta una categoría de los llamados "exóticos", luchadores homosexuales que prefieren las máscaras al glamour del travestismo pero que no se quedan atrás en cuanto a técnica.

 

"La intención cuando empezamos en esto era sobresalir y demostrar que podíamos hacer lo que la gente no creía que podíamos. Fue demostrar de lo que éramos capaces", dijo a Reuters Mayflower, de voz gruesa pese a su femenina vestimenta, un ajustado y escotado traje blanco de mangas amplias.

 

Mayflower y Polvo de Estrellas, que usa un traje verde y plateado y una peluca multicolor, son de las principales estrellas en su categoría de la empresa Triple A, que también incluye a mujeres y luchadores de baja estatura.

 

Entre las mujeres, Tiffany ostenta actualmente el título de Reina de Reinas, de los más importantes en su categoría.

 

Como pasa con muchas luchadoras, el padre de Tiffany imaginaba que ella estudiaría y no seguiría sus pasos en la lucha. Pero Tiffany comenzó a entrenar a escondidas hasta que su padre accedió a guiarla.

 

"Lo traigo en la sangre. Mi papá no quería que luchara por los riesgos que tiene pero yo, necia...", recuerda, sonriente y ataviada con cintas de cuero rojo que cruzan su fornido cuerpo.