Dominio Público
 
+ EU: Campaña Vs. Mexico
+ Efecto Schwarzenegger
 
 
   Fausto Fernández Ponte
 
 
   Millones de personas le prestan oídos cada noche a Al
Rantell. Desde Los Angeles, su programa de radio se le
escucha en California, Nevada y Arizona y más allá.
 
   Sábríase que Rantell Influiría en el sentir de muchos
estadunidenses. También tendríase certeza de que ejerce
ascendiente en el parecer de no pocos de sus connacionales.
    
   Rantell es, pues, lo que los gringos suelen llamar un
"líder de opinión". Tendría valimiento en la opinión
pública.
Tiene audiencia. Le oyen. Se le escucha. Y se le sigue.
    
   Así, desde la KABC, Rantell opina. Emite juicios de valor.
Toma llamadas de su auditorio. Entrevista. Pregunta. Trasmite
las respuestas. Y también se suele responder a sí mismo.
    
   Es, pues, lo que en Estados Unidos se conoce como "a radio
talk show host" --un anfitrión de un programa de radio--
dirigido a una audiencia específica: Una de red necks.
    
   Nótese, caro leyente, que la expresión red neck significa
literalmente cuello rojo. Pero es un coloquialismo en el
parlatorio angloestadunidense que se remonta a 1830.
    
   En su célebre diccionario político, William Safire
describe a un red neck así: un racista blanco del sur de EU.
Intolerante. Se refiere a alguien muy conservador.
    
   Para esas personas descritas así, Arnold Schwarzenegger es
un émulo. Un héroe. Y un icono. Es la gran inspiración.
Fuerte. Disciplinado. Famoso. Y rico. Y, como ellos, no muy
ilustrado.
    
   Y todos de esa laya ideológica y vena política querrían
ser como Arnold. Aunque este adalid del celuloide y los
efectos especiales no lee libros ni periódicos.
    
   Esto nos lleva a Rantell, quien el lunes pasado dedicó una
hora de su programa exhortando a su auditorio a boicotear
México como destino turístico. No visiten México, urgió.
    
   Rantell preguntó: ¿Por qué vamos a gastar nuestros dólares
en México? Y se respondió: Los mexicanos no nos quieren y no
nos respetan. Somos, pues, descorteses. Irrespetuosos.
    
   La recomendación de Rantell no tendría nada que ver con
Schwarzenegger excepto en una suspicacia: la irritación que
le causan las críticas en México a la elección de Arnold.
    
   Rantell urgió a sus escuchantes a boicotear México porque
un connacional, Armando García, quien presuntamente asesinó a
un policía de Los Angeles, huyó a México. Es un prófugo.
    
   Rantell hizo desfilar por su programa inclusive a la viuda
del policía, así como a varias mujeres violadas y robadas
supuestamente por inmigrantes mexicanos indocumentados.
    
   También presentó en su programa a otras viudas de
estadunidenses asesinados por mexicanos. Estos violadores,
asesinos y ladrones --dijo Rantell-- están libres en México.
    
   En ese programa, el fiscal federal para el distrito de Los
Angeles, Steve Cooley, dijo: por lo menos unos 300 mexicanos
asesinos, violadores y asaltantes viven impunes en México.
    
   Cooley: Luego de cometer sus crimenes, esos 300 mexicanos
huyeron a México. El fiscal también dijo: Esos criminales
gozan de la protección del gobierno de México.
    
   A esa emigración se opone Schwarzenegger, adujo Rantell.
Por eso en México a Arnold se le califica de antimexicano.
Antiinmigrante. La prensa mexicana lo insulta. Denostado.
 
   El efecto schwarzenegger ha creado ya tensiones entre
ambos países, en lo social. El caso de Rantall antojaríase
expresión de ello. ënsaríase que las cosas pudieren empeorar.
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