NUEVO PRESIDENTE ACOMETE RETO DE REDISEÑAR BOLIVIA  

 

LA PAZ (Reuters) - El nuevo presidente de Bolivia, Carlos Mesa, emprendió el sábado el enorme reto de frenar la desintegración social del país y rediseñar una nación con menos inequidades e injusticias, horas después de que una revuelta popular derribó a su antecesor, Gonzalo Sánchez de Lozada.

 

"Ojalá este joven saque a Bolivia del hueco," dijo a un reportero de televisión una humilde mujer del pueblo, con el último de sus cinco hijos cargado a la espalda.

 

"Tiene por delante la tremenda tarea de ayudar a construir un país en que todos, en la diversidad, se sientan, finalmente, parte de él," dijo, en tanto, a Reuters el analista y politólogo Jorge Lazarte.

 

Mesa, un periodista e historiador, acometió un primer compromiso de buscar la unidad nacional, tras asumir el viernes la jefatura del Estado con una descarnada advertencia: "nos estamos jugando el destino y el futuro" de Bolivia.

 

Los desafíos comenzaron para el novato político independiente, de 50 años, mientras el empresario Sánchez de Lozada, a quien sustituyó en la presidencia, llegaba voluntariamente exiliado a Estados Unidos, donde vivió desde niño y se formó profesional.

 

Sánchez de Lozada renunció a la presidencia 46 meses antes de que terminara su mandato de cinco años, asediado por la peor ola de protestas sociales en 21 años de democracia continua en el país más pobre de América del Sur.

 

Setenta y cuatro personas murieron y otras 200 resultaron heridas durante un mes de creciente convulsión y violenta represión, inicialmente desatada contra un proyecto de exportación de gas natural a través de Chile y luego reclamando directamente la salida del ahora ex mandatario.

 

El acaudalado empresario, de 73 años, dijo en su carta de renuncia enviada el viernes al Congreso que había sido apartado del poder por "mecanismos de presión y violencia" en un "funesto precedente para la democracia boliviana y continental."

 

¿FIN A LAS CUOTAS DE PODER?

 

Mesa, quien era el vicepresidente del país, iniciaba consultas para integrar un gabinete, sin participación de partidos políticos, por primera vez en la historia de la nación andina de 8,3 millones de habitantes.

 

El nuevo mandatario dijo que se rodeará de los mejores bolivianos y bolivianas, sin militancia partidaria alguna, y alejar as" de su gobierno las pugnas por las célebres cuotas de poder que inmovilizaron al anterior y desataron creciente repudio ciudadano.

 

Hijo de una pareja de historiadores, el ex reportero de radio y conductor de influyentes programas televisivos de información y opinión, quiere gobernar menos de los tres años y 10 meses que le establece la aplicada norma de sucesión constitucional.

 

En su primer discurso ante el Congreso luego de su confirmación como nuevo presidente, dijo que buscará un acuerdo con el Poder Legislativo para reducir ese período y llamar a elecciones en un plazo "razonable."

 

"Ese anuncio será una enorme limitación para cumplir sus compromisos," opino el politólogo Lazarte.

 

Entre los compromisos, Mesa anunció un referendo -vinculante- sobre las proyectadas exportaciones de gas, la principal riqueza natural de Bolivia y convertido en el detonante de la crisis social que terminó por hacer caer a Sánchez de Lozada.

 

Prometió también una revisión de la ley de hidrocarburos, para redefinir la relación esencialmente impositiva del Estado con las empresas privadas que en 1997 ingresaron al estratégico sector.

 

Otro de sus anuncios clave fue el impulso de los mecanismos constitucionales para la convocatoria de una Asamblea Constituyente, de la que debería emerger la "nueva Bolivia" que sus compatriotas anhelan: socialmente más justa, políticamente más sólida y económicamente más equitativa.

 

La extendida pobreza en Bolivia y la percibida falta de respuesta de sucesivos mandatarios para combatir esa situación estuvo en el corazón de la revuelta que derrocó a Sánchez de Lozada.

 

OPOSICION "VIGILANTE"

 

"Hay que darle el máximo de confianza al nuevo presidente y garantizar que no empiecen las demandas desbordadas," dijo el politólogo y académico Horst Grebe.

 

La asunción de Mesa a la presidencia fue recibida con dispares actitudes por algunos de las principales líderes de las protestas contra su antecesor.

 

Evo Morales, el diputado indígena, líder cocalero y más importante opositor al gobierno de Sánchez de Lozada, dijo que se mantendrá "vigilante" de los cambios políticos y económicos que reclama la gran mayoría pobre del país.

 

"No podemos sentirnos victoriosos porque el poder no está en el pueblo," declaró.

 

El también legislador indígena e impulsor de los bloqueos de rutas andinas que desataron las protestas, Felipe Quispe, exigió que el nuevo gobierno "tendrá que cumplir" con 72 puntos que, dijo, incumplieron al menos dos anteriores presidentes para atender las apremiantes necesidades del empobrecido campesinado boliviano.

 

"Nosotros continuamos con los bloqueos," dijo, pese a que informes de cadenas radiales reportaban un progresivo y voluntario despeje de principales carreteras en varias regiones del país que comenzaban a devolver la normalidad a Bolivia tras cuatro semanas de convulsión.

 

"Exhortamos dejar de lado intereses sectarios en favor del bien común," declaró monseñor Jesús Juárez, secretario de la Conferencia Episcopal, máximo órgano de la Iglesia Católica en Bolivia.