FILIPINAS RECIBE A BUSH CON CALOR Y CON PROTESTAS   

 

MANILA - El presidente estadounidense, George W. Bush, llegó el sábado a las Filipinas para una visita de ocho horas para conversaciones de seguridad y comercio, en medio de protestas y potenciales ataques terroristas.

 

Se espera que, Bush, en un recorrido por seis naciones de Asia en el que asistirá también a una cumbre en Tailandia, reiterará promesas de más ayuda militar para Manila e inversiones en el sur para ayudar a sellar una paz con el mayor grupo musulmán de la nación.

 

Los cálidos elogios están asegurados para la presidenta Gloria Macapagal Arroyo por sus esfuerzos para luchar contra militantes islámicos nacionales y extranjeros en este país de mayoría católica.

 

"Discutirán sobre la cooperación entre los dos países para combatir al terrorismo internacional, que es el principal problema en nuestra región y todo el mundo," dijo el asesor de seguridad nacional Roilo Golez en una entrevista de radio.

 

En un discurso en una sesión conjunta del Congreso filipino, el primero de un presidente estadounidense desde Dwight Eisenhower en 1960, Bush preguntará: "¿Qué podemos hacer para ayudar?"

 

Los militares quieren que Bush confirme la entrega de 20 helicópteros de segunda mano, un avión de transporte, una lancha patrullera y 30.000 fusiles que prometió cuando Arroyo visitó la Casa Blanca en mayo.

 

Sin embargo, un funcionario estadounidense de alto rango indicó que no es probable que el armamento sea enviado al menos en un año.

 

"Aún no tenemos el financiamiento," dijo el funcionario.

 

En Tokio el viernes, Bush elogió al primer ministro Junichiro Koizumi, a quien llamó un "buen amigo" y los dos líderes hablaron sobre la crisis nuclear de Corea del Norte, temores de Estados Unidos sobre comercio justo y tasas de cambio, y la asistencia japonesa para la estabilización de Irak.

 

POMPA Y PROTESTAS

 

Con lanchas patrulleras que recorrían la Bahía de Manila bajo el intenso sol del mediodía, Bush hizo una breve visita a la fuertemente protegida embajada estadounidenses antes de asistir a una ceremonia de colocar una ofrenda floral en el monumento a José Eizal, un héroe de la independencia ejecutado por España en 1896.

 

Después, Bush y Arroyo se estrecharon las manos cuando se reunieron en el palacio presidencial de Malacanang.

 

Durante la reunión programada con Arroyo de 40 minutos y su discurso al Congreso más tarde en el día, la esposa de Bush, Laura, tenía planeado leer algunos cuentos a 350 niños.

 

Las normalmente atareadas arterias de la capital filipina, de 12 millones de habitantes, quedaron casi vacías para la caravana de Bush. Filipinos con banderas de los dos países se alinearon en las calles, pero barrios pobres de chozas de cartón fueron eliminados o enmascarados tras grandes vallas de anuncios.

 

En una nación donde un tercio de sus 82 millones de habitantes sobrevive con un par de dólares duarios, algunos se sintieron ofendidos por la expresión festiva de la cena estatal antes de la salida de Bush para Bangkok.

 

Miles de manifestantes desfilaron con carteles que llamaban al presidente estadounidense guerrerista y enemigo de los campesinos pobres. "Esta es una cuestión de patriotismo del pueblo palestino contra el imperialismo norteamericano," dijo

 

Crispín Beltrán, un legislador frente a un grupo de protesta.

 

Los manifestantes eran esperados por policías en equipos antidisturbios con cañones de agua y gases lacrimógenos, pero no hubo indicios de violencia.

 

(Reporte de Adam Entous, Stuart Grudgings, Manny Mogato, Rosemarie Francisco, Roli Ng y Erik de Castro)