Chinescas
 
   Evo y Quispe
 
Fausto Fernández Ponte
   Los líderes del movimiento popular que hizo huir de la
Presidencia de la República de Bolivia a Gonzalo Sánchez de
Lozada son indígenas. Y aimaras, para mayores señas.
   Uno, Evo Morales, es el líder de los cultivadores del
arbusto de la coca de la región de Chapare, en el centro del
país. La coca, somo sabríase, es una planta indígena de
América del Sur, con hojas aovadas --de las que se extrae la
cocaína-- y flores blanquecinas. El vocablo coca deviene del
quechua y aimara kuku.
   Otro, Felipe Quispe, es una de las cabezas más importantes
de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos
de Bolivia. Esa organización es uno de los pilares sobre los
que se sustenta el movimiento Pachacuti.
   A cada quien se les conoce por nombres familiares. A
Morales la gente lo conoce por Evo y así y le llama. A Quispe
se le suele identificar a veces por ese apellido o por su
nombre de pila, Felipe, o por un motejamiento que es, a la
vez, símbolo de investidura y jeraqruía: El Mallku.
   En sus ámbitos respectivos, ambos líderes indígenas han
representado un papel importante, protagónico, en el gran
escenario de la insurrección popular. El movimiento
insurrecto lo inició propiamente Quispe, quien el 2 de
septiembre --hace mes y medio apenas-- encabezó una marcha de
miles de campesinos hacia La Paz, la capital de Bolivia. Y ya
en esa altísima ciudad situada en un planalto en los Andes,
los marchistas se declararon en huelga de hambre.
   Ello detonó movilizaciones de otros grupos campesinos de
todo el país, incluyendo la Central Obrera Boliviana --con la
cual ha desarrollado Quispe vínculos estrechos-- y el
Movimiento al Socialismo, que preside Morales.
   El MAS es una organización política, aunque también actúa
en el ámbito de la lucha social. Pero el Sindicato de Quispe
es, pese a su naturaleza eminentemente proletaria, de defensa
social. Las circunstancias y las coyunturas políticas han
llevado a la Confederación a una abierta actuación política,
aunque en este campo es el Movimiento Pachacuti el que
sobrelleva el peso.
   Tanto Evo como Quispe tienen muchos años en la lucha.
Quispe fue inclusive guerrillero, habiendo participado en la
insurgencia armada Tupac Katari, que fue desarticulada por el
Ejército Boliviano en la década de los ochenta.
   Hombre de edad madura --se calcula que tiene entre 45 y 50
años--, bigote magro y mirada filosa, Quispe es un hombre que
tiene fama de prudente, calculador, pensante. Se le
identifica como un hombre decidido. Templado por la fatiga.
   Evo, por su parte, es joven. Lampiño, la cabellera
abundante, ímpetus de cid, los ojos vivaces aunque le
describen como un hombre obsesivo. Es diputado.
   Y en estos últimos días, a partir de la renuncia de
Sánchez de Lozada y la posibilidad de que el Parlamento
designe a un Presidente de la República en sustitución del
interino Carlos Mesa, destacado intelectual y reconocido
periodista quien ocupaba la Vicepresidencia, Evo sostiene que
el poder que representa la insurrección civil no deberá ser
compartido. El Estado Mayor del Pueblo --otra organización de
lucha social-- se ha reunido con Evo precisamente para
analizar la situación y diseñar una estrategia en el
Parlamento.
   Evo y Quispe, si bien han actuado de consuno en los
últimos días de la insurrección, no son amigos; de hecho,
tienen sus discrepancias y han disputado, habiéndo tenido
enfrentamientos. Pero ambos parecen conscientes de la
importancia estratégica de la unidad. En manos de esos dos
hombres pudiere estar la suerte de Bolivia. Y el futuro de
los bolivianos (FFP).