Miami vuelve a enloquecer con los nuevos Marlins

Miami, 21 oct.- La llegada de los Marlins de Florida a la Serie Mundial ha generado un ambiente de fiesta generalizado a través de toda la ciudad de Miami, que después que vivió la locura del primer título del "Clásico de Otoño" conseguido en 1997, había perdido todo el interés por lo que hacía el equipo.

Pero la historia cambió por completo con los nuevos Marlins, que encabezan los jóvenes valores como son Juan Pierre, el novato venezolano Miguel Cabrera, y los lanzadores Josh Beckett y Dontrelle Willis, que también subió este año al primer equipo.

Especialmente desde que llegaron a la serie de división y ganaron contra todos los pronósticos a los Gigantes de San Francisco para hacerlo más difícil ante los Cachorros de Chicago en la serie de campeonato al remontar una desventaja de 1-3.

El sueño de estar de nuevo en una Serie Mundial en sólo 11 años de existencia se había hecho realidad y los aficionados ya habían respondido al llenar el viejo Pro Player Stadium con una asistencia de 65.000 espectadores por partido.

Nada que ver con los promedios de 10.000 que tuvieron en la temporada regular del 2002 y los 16.000 en la que acaba de terminar cuando los Marlins ganaron el comodín de la Liga Nacional para tener la opción de estar en el "Clásico de Otoño".

"Lo que ha quedado muy claro es que los aficionados de Miami sólo apoyan a los equipos ganadores", declaró Jack McKeon, piloto de los Marlins. "Nunca había dirigido a un equipo como esté, que tiene toda la humildad del mundo, pero también el mayor entusiasmo y convencimiento que pueden ganar".

McKeon, de 72 años, ha logrado con los nuevos Marlins se el manejador más veterano que llega a una Serie Mundial en la historia de las Grandes Ligas y podría ser también el primero que consiga el título.

A diferencia de lo que sucedió con la plantilla de la temporada de 1997, cuando también hicieron historia al ser el primer equipo que menos tiempo necesitó para conseguir un título de la Serie Mundial -cinco años-, los nuevos Marlins no cuentan con ninguna figura, pero si con jugadores que hacen su trabajo de manera excepcional.

Los Bobby Bonilla, Moisés Alou, Kevin Brown, Gary Sheffield, Darren Daulton y el cubano Liván Hernández convirtieron a los Marlins en campeones mundiales al derrotar 4-3 a los Indios de Cleveland, pero sus salarios eran súper millonarios, ni comparación con los que cobran la mayoría de los peloteros de la actual novena.

Los jugadores de la Serie Mundial de 1997 le costaron al ex dueño de los Marlins, Wayne Huizenga, una nómina demasiado cara y a pesar de haber conseguido el título de campeones decidió rebajar el presupuesto de los salarios y el equipo se desintegró por completo.

Los aficionados hicieron lo propio al abandonar al equipo y no querer participar en el proceso de reconstrucción con nuevos valores.

La crisis económica del equipo llegó y Huizenga decidió vender el equipo a John Henry, que tampoco tardó mucho en hacer lo mismo al no poder conseguir la construcción de un nuevo campo en el centro de Miami.

El nuevo comprador fue Jeffrey Loria, ex dueño de los Expos de Montreal, que los vendió a la oficina del comisionado del béisbol para que fuesen propiedad del resto de los equipos de la Grandes Ligas.

Loria también ha buscado el apoyo para construir un nuevo campo, pero mientras eso todavía no lo ha conseguido, si logró con un presupuesto bajo, el único multimillonario en la plantilla es el boricua Iván Rodríguez, que tiene un salario de 10 millones de dólares por un año, formar un equipo campeón, que se encuentra a sólo tres triunfos de tener su segundo título de la Serie Mundial.

Algo que ni los más optimistas podían pensar cuando dio comienzo la temporada y los nombres de Cabrera, Pierre, Derrek Lee, Carl Pavano y Beckett eran unos completos desconocidos para los fanáticos de los Marlins.

La asistencia al campo era la mejor muestra de que el equipo estaba completamente desconectado de los aficionados, a pesar de la gran afición por el béisbol que existe en la ciudad, con una comunidad cubana, que siente en la sangre la pasión por el deporte de la pelota.

Los triunfos y el surgir de las nuevas figuras del equipo como los novatos Cabrera y Dontrelle, el gran trabajo de los veteranos Jeff Conine, que regresó de nuevo al equipo traspasado por los Orioles de Baltimore, los boricua Mike Lowell y Rodríguez, cada día seguros y productivos, dirigidos por McKeon, que llegó cuando ya había comenzado la temporada para ser el salvador y lo consiguió.

El resultado de esa transformación alcanzó de nuevo a los aficionados y la respuesta no se hizo esperar con llenos de 65.000 personas en el Pro Player Stadium para verlos en los partidos de la fase final.

La locura y apoyo ha sido mucho mayor que el que le dieron al equipo en 1997 cuando los promedios de asistencia fueron de 40.000 para la serie de división y de 50.000 para la del campeonato de la Liga Nacional.

Los nuevos Marlins, como explicó muy bien Lowell, les habían demostrado a los fanáticos que su juego en el campo justificaba el dinero que tenían que pagar por irlos a ver.

El gran dilema ahora para los aficionados de los Marlins es que conseguir una entrada se ha convertido en una misión imposible o de muchos miles de dólares ante la fiebre colectiva que inunda a la ciudad, que vuelve a ser la capital del "Clásico de Otoño".EFE

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