Dominio Público

 

+ Madrazo y Tabasco

+ Década de Caciquismo

 

   Fausto Fernández Ponte

   ¿Por qué perdió el PRI en Tabasco diez --de 17--

municipios y diez --de 21-- diputaciones? Las respuestas

tienen un denominador común: los tabasqueños están hartos.

 

   Hartos del cacicazgo político de Roberto Madrazo. Un

cacicazgo que cumplirá el año próximo una década de

establecido. Un cacicazgo de horca y cuchillo.

    

   También están hartos los nobles y leales ciudadanos de

Tabasco de la pobreza que les estruja. Del estancamiento

económico. De la falta de oportunidad de mejoría individual.

    

   El cacicazgo madracista ha dividido al PRI tabasqueño, de

la misma manera que Madrazo ha dividido profundamente a su

partido en el ámbito nacional.

    

   A resultas de esa división, en Tabasco muchos priístas se

han adherido al PRD y al PAN. No son pocos los alcaldes y

diputados locales recién elegidos que fueron priístas.

    

   Más no sólo eso. El cacicazgo madracista persigue a

opositores supuestos y reales. Ha encarcelado a algunos. Ha

marginado a otros. Algunos se han ido del estado.

    

   ¿Cómo ejerce Madrazo ese cacicazgo? Hoy, mediante un

paniaguado de insoslayable rotundez, Manuel Andrade, inmaduro

treintañero que gusta de la vida poltrona.

    

   Andrade parece tener dos prioridades en la vida: una, la

de comer y comer --pesa casi 120 kilos-- y acumular como

trofeos el mayor número posible de conquistas femeninas.

    

   Andrade, como gobernador constitucional, tuvo el encargo

de Madrazo de ganar las elecciones a como de lugar. El método

más aplicado es el de comprar voluntades electorales.

    

   Pero también aplica el método del palo. Por ello, el

cacicazgo madracista ha acuñado un vocablo, el de

palodadismo. Palo dado ni Dios lo quita.

    

   Otro método es el de controlar, con dinero, la política

editorial de las empresas periodísticas. Compra espacios en

periódicos. Y tiempo en radio y televisión.

    

   Mediante ese mismo método, controla a organizaciones de

estudiantes y maestros universitarios. Controla también a

asociaciones empresariales.

    

   Pero en esta ocasión los métodos fallaron. ¿Por qué?

Porque los dineros que Andrade asignaría a la compra del voto

de ciertos electores no llegaron a estos.

    

   Esos dineros se perdieron en el camino. Es decir, alguien

se quedó con ellos. Y le hicieron creer a Andrade que el

número de volunatades compradas era suficiente para ganar.

    

   De cualesquier modos, ello explica la confianza de Andrade

el día mismo de la elecciones. Al votar, declaró a la prensa

que el PRI ganaría abrumadoramente. Carro completo.

    

   ¿Qué ocurrió? Andrade, al igual que su jefe el gran

cacique Madrazo, se confió, sustentándose sobre la lógica de

todo cacicazgo: suponer que el pueblo lo ama. Lo adora.

    

   El electorado votó según su verdadero sentir con un voto

que es, por ley, secreto. No tenía más compromiso que el de

su conciencia. Y le envió un mensaje claro a Madrazo.

     

    La sorpresa para Madrazo y su escudero Andrade fue de

choque. Trauamática. No lo podían creer. Es posible que

todavía no lo crean.

    

   Arturo Núñez, derrotado --pero no vencido-- por las malas

artes de Madrazo, publicó en La Verdad, periódico que se

publica en Villahermosa, un epigrama filoso como rejón.

    

   Escribió Núñez: "Votaron contra él / en final electoral; /

está claro, Manuel, / que se sienten retemal". Nótese, caro

leyente, que Núñez sigue siendo priísta.

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