Campeche la Ciudad Amurallada

Por: Áurea Acosta

 

 

Famosa por las murallas construidas para protegerla de los ataques de piratas,  que finalmente nunca fueron utilizadas para ello, la ciudad de Campeche, plena de historias y leyendas, es de gran atractivo en los mapas turísticos especialmente desde que fue declarada por la UNESCO, Patrimonio Cultural de la Humanidad, en diciembre de 1999.

Acerca de la Ciudad de las Murallas reconocida como el tesoro escondido de México, se han escrito interesantes pasajes. La pequeña metrópoli, capital y puerto fue considerada en su ‚poca la localidad m s importante por donde transitaban los valiosos cargamentos que los galeones llevaban a España.

La ubicación geográfica del principal centro de abastecimientos, la falta de defensas así como la lejanía con los pueblos vecinos, la convirtieron en presa constante de bucaneros y sicarios de Inglaterra, Francia y Holanda, que asediaban las rutas para debilitar el poderío naval y comercial de la flota española.

Los trabajos de la construcción de los recios muros duraron 18 años y alcanzaron un costo de 225,024 pesos. Las fortificaciones de Campeche no fueron igualadas en su ‚poca en ciudad alguna del Nuevo Continente y constituyeron un ejemplo notable de ingeniería militar. Pero el conjunto de defensa no fue utilizado nunca contra los piratas, el término de las obras coincidió con el ocaso de los corsarios, que finalmente, tras varios intentos fueron desalojados.

Entre textos antiguos y viejos relatos salen a la luz episodios de valioso contenido histórico de la bella capital inspiradora de poetas y trovadores.

En múltiples ocasiones la tranquila provincia vivió los estragos causados por filibusteros que operaban en el Caribe, hasta que en 1559 descubrieron las ventajas de incursionar en el Golfo de México y en las poblaciones de los litorales, para luego refugiarse en la isla de Tris o de Terminos, ahora Isla del Carmen.

Marinos en busca de las "carracas" -el buque mercante por excelencia y auténticos almacenes flotantes- bergantines, fragatas o los pequeños barcos de vela llamados "patache", los piratas cruzaron el mar de las Antillas, deambularon por el canal de Yucatán,  atravesaron la Sonda de Campeche y exploraron la isla de Terminos, lo cual lograron con el apoyo de la corona inglesa por m s de 160 años, en que tomaron la zona como base para el contrabando de maderas preciosas y el palo de tinte.

En sus andanzas llegaron a la Florida, para retornar al Caribe e incursionar rumbo a Campeche.

La necesidad de proteger vidas y haciendas, a un siglo de los primeros ataques de piratas, en 1655 a instancias del gobernador de la capitanía general de Yucatán, se logró que la burocracia virreinal aceptara la construcción de fortificaciones. Para edificar los primeros paredones, el cabildo y los vecinos aportaron una cantidad de sal con valor de diez mil pesos, los cuales se invirtieron en el levantamiento de un fuerte a la entrada de Lerma y otras obras.

Así se inició la transformación del territorio donde, en 1531, El Adelantado Francisco de Montejo fundó la Villa de Salamanca de Campeche, y su hijo, del mismo nombre, El Mozo, el 4 de octubre de 1540 erigió la ciudad de San Francisco de Campeche a una milla de distancia donde fue descubierto el poblado de Ah-Kim-Pech, según lo estipulaban las leyes hispanas.

La transformación de la villa propició la única ciudad amurallada en la Nueva España y la segunda en Latinoamérica, pues Cartagena, Colombia, por los mismos motivos fue fortificada.

Los ataques m s graves y crueles se cuenta que fueron los de William Park (1597), Pie de Palo y Diego el Mulato (1633), Lorencillo (1672), Lewis (Scott (1678), y Lorencillo y Agromont en 1685, quienes con la captura del puerto luego de cinco días de una sangrienta batalla, con la captura del puerto se dedicaron al saqueo que extendieron por varios poblados, hasta que su avance fue detenido por tropas enviadas desde Mérida.

 

PROYECTO APROBADO

POR EL EMPERADOR

 

Ante el eminente peligro que significaba la asociación de los depredadores, se renovaron las gestiones para construir las murallas y baluartes. En una junta convocada por el gobernador Fernández de Angulo Sandoval, se reunieron el ayuntamiento y los vecinos, con un proyecto diseñado por el alférez e ingeniero militar don Martín de la Torre y aprobado por el rey de España.

Los trabajos se iniciaron mediante una colecta que proporcionó 13 mil quinientos pesos, en su mayor parte donados por Diego García de la Gala, Juan Gutiérrez de Cosgaya, Felipe de la Barrera y otros marinos y comerciantes a los que se unió el gobernador.

En el fascículo Piraterías en Campeche del amerito abogado y escritor de esos lares, doctor H‚Héctor Pérez Martínez, el autor informó que a esos recursos se añadieron diez mil pesos, que mediante el virrey de la Nueva España, conde de Gálvez, envió el monarca español. En presencia de las autoridades de la Colonia, locales y gente del pueblo, se abrieron los primeros cimientos del sistema de fortificación en 1686.

La gran obra fue terminada 18 años después. Como los fondos fueron insuficientes y la contribución sobre la exportación de la sal no bastaba a los fines, el gobernador obtuvo que se elevara a 4 reales el mismo impuesto y aun tomó del fondo real diversas sumas, ejemplo que siguieron sus sucesores hasta 1704, en que concluyeron los trabajos, que alcanzaron un costo de 225,024 pesos.

La altura de las murallas era de ocho metros por el lado de tierra y de 6.50 frente al mar, con espesor de 2.50 metros. El recinto protegido tenía forma de un hexágono irregular con 2,556 metros alrededor. A los grandes lienzos de muro se integraron ocho baluartes. En cada  ángulo y en la mitad de sus lados, fueron: San Carlos, Santa Rosa, Soledad. San Juan, San Miguel, San Pedro, San Jos‚ y Santiago, que fue el último en terminarse.

Al anochecer, el toque de corneta anunciaba el cierre de las puertas que daban acceso a los barrios y así quedaba guarnecido el centro, mientras cerrojos y trancas aseguraban la Puerta de Mar, las de San Román y Guadalupe, después clausuradas por su inmediación al mar. El gobernador Antonio de Figueroa y Silva mandó la Puerta de Tierra fortificada y rodeada de fosos y aspilleras. A los baluartes se les dotó de artillería de diferentes calibres.

"La novia del mar" que inspiró al compositor Pepe Narváez al recordar historias de piratas y de amor, en una ‚poca de su historia vivió la desaparición vergonzosa de gran parte de sus muros, no por encuentros b‚licos con perversos corsarios, sino por funcionarios nacionales en tiempos de paz. En referencia a esa etapa, el doctor Pérez Martínez publicó: "el plano de las fortificaciones, fechado en 1898, muestra los cambios propiciados por la colocación de las puertas de San Román y Guadalupe de acuerdo a los intereses de los vecinos.

También encontramos que con el permiso de la Federación -1893- el coronel Laphan mandó derribar un lienzo comprendido entre los fuertes de San Carlos y la Soledad... para dar vista al mar a las tropas federales. Poco tiempo después el gobierno del estado ordenó demoler otro tramo del recio paredón.

"Cuando se estableció el tranvía Donde, el gerente y propietario a la vez, obtuvo permiso para derribar un lienzo entre el fuerte de Santiago y la puerta de Guadalupe. Luego fueron arrasados otros sectores".

Tiempo después otros gobiernos con miras progresistas pero al mismo tiempo ligados a las raíces culturales a partir de los años 80's del siglo pasado se unieron a un programa de restauración y rescate de los viejos edificios, que atrajeron la atención y actualmente son parte del orgullo nacional.